Mis abuelas y el 8 de marzo

mis abuelas y 8 de marzo

Cada año cuando se acercan estas fechas, pienso en mis antepasadas, mis abuelas y mis tías abuelas, las que nacieron y  vivieron los primeros años del siglo XX en las zonas rurales de aquellos años tan distintos a los de hoy.

Solo llegué a conocer a mi abuela paterna que se llamaba Victoria, la materna murió joven, heredé de ella su nombre Juliana, es el que tengo en el DNI, como nunca me gustó me lo corté por Julia.

Yo espero que nos estén mirando desde el otro lado, satisfechas de ver como las hijas de las hijas de sus hijas han ido a la universidad, han formado familias decidiendo el número de hijos que querían tener, o no tener ninguno, casarse o divorciarse, algo que ahora nos parece tan normal en 1930 ó 40 era impensable.

Si criar a un hijo siempre es complicado, imagínate lo que es criar a 9 como es el caso de mi abuela Victoria, la paterna, 9 hijos son los que sobrevivieron pero tuvo 11 partos. Tengo 8 tíos por parte de padre, cuatro  mujeres y cinco  hombres. Mis tías mayores no aprendieron a leer ni a escribir, mi padre y a mis tíos, aprendieron con un maestro que pasaba por los cortijos dando clases.  

Mi abuela era una mujer bajita, graciosa,  que  nos adorábamos todos, ella acogió a yernos y nueras como hijos de sangre. Para los primos todos las titas y titos son iguales, sean hermanos o cuñados de nuestros padres.  Llegó a conocer 6 bisnietos. Ella era el imán que hacía que la familia se mantuviera unida. Ese espíritu familiar que ella nos transmitió lo seguimos teniendo. Ahora somos los primos los que nos reunimos una vez al año y si puede ser dos mejor.  No hay reunión que no nos acordemos de ella y  nos riamos con sus ocurrencias.

mis abuelas y 8 de marzo
mis abuelas 8 de marzo
mis abuelas y el 8 de marzo

Mi madre fue hija única, porque a su madre, mi abuela Juliana, se le morían los bebés al nacer, tuvo 12 y solo sobrevivió ella, eran tiempos de guerras y posguerras, difíciles de hacer pruebas médicas y  saber cuál era el problema, es muy posible que fuera la incompatibilidad de la leche materna. El poder de aceptación humano es increíble. Mi madre nunca nos explicó que su madre estuviera traumatizada, siempre habló de ella como una mujer entregada a la ayuda de los demás, sabiendo que de su generosidad y solidaridad dependía que ese día hubiera algo en la mesa de sus vecinos y su afición a cuidar sus macetas en el patio.

A diferencia de mis tías, mi madre sí fue a la escuela.  aprendió a leer y escribir con soltura, de eso ella estaba muy orgullosa.

mujer de los años 40
mis abuelas el 8 de marzo

Osea, que mis dos abuelas vivieron toda su vida fértil embarazadas y criando.

La suerte de aquellos años es que la unidad entre mujeres era muy fuerte, no solo con las de la familia, si no también entre vecinas y amigas,  ayudando tanto en la crianza de los hijos, como en las fechas que se requería más refuerzo como podía ser,  la matanza, la conserva  o blanquear, cada año se pintaba con cal los cortijos.

Todas estas labores que eran exclusivas de las mujeres, por lo que he deducido en tantas conversaciones con mi madre, a ella le encantaba contar historias y refranes. Estos eventos de trabajo, lejos de ser un fastidio, los convertían en algo divertido y  las aprovechaban para hacer piña entre ellas, haciendo su especial  círculo de mujeres” , creando fuertes vínculos femeninos de complicidad y confianza donde compartían sus miedos o inquietudes y se dejaban aconsejar por las mayores, a las a cierta edad se les empezaba a llamar tías, aunque no fueran familia.  

Las mujeres de mi familia tenemos un puntito de humor andaluz,  que nos ayuda a darle la vuelta a las conversaciones para no entrar en el drama, por eso me imagino a mis antepasadas riéndose de sus propias desgracias. 

mis abuelas 8 de marzo
mis abuelas 8 de marzo
mis abuelas 8 de marzo

y  que mientras ellas estaban con sus muchísimas ocupaciones, otras mujeres y niñas menores, trabajadoras textiles, llevaban tiempo  manifestándose por las calles, reclamando derechos básicos para no ser explotadas por ser mujer, pobre y emigrante, eso no ha cambiado tanto. Tampoco supieron ellas, ni yo hasta hace pocos años, que el  25 de marzo de 1911, en un incendio de una fábrica de camisas,  146 mujeres murieron  y 71 resultaron heridas al no poder salir por estar las puertas cerradas.

Mis abuelas no lo sabían, pero yo ahora sí lo sé y siguen pasando accidentes en los talleres textiles,  la industria que más explota a los trabajadores y una de las que más contamina. Hace unos días en Tánger, aquí cerca en Marruecos,  murieron 25 personas en un taller clandestino,  la mayoría mujeres.  Apenas se han hecho eco las noticias, si quieres la puedes leer aquí

En estos días he ido preguntando a las mujeres más cercanas amigas o familia, su opinión del 8 de marzo actual, la mayoría piensan que en España sí que hay las mismas oportunidades entre hombres y mujeres, que no hay nada que impida a ninguna mujer conseguir los objetivos, tanto en el mundo rural como en la ciudad. 

Como digo, son  la mayoría de las que les he preguntado, que no son muchas,  pero yo como siempre me quedo con las minorías, pienso que todavía se pueden mejorar los derechos de las mujeres y aunque solo sea por nuestras antepasadas, que no tuvieron tantas oportunidades de tomar decisiones, como nosotras ahora y por las mujeres de otros países, Si que tenemos que seguir celebrando el 8 de marzo. Igual que en otros tiempos, en otras partes del mundo,  otras mujeres lo hicieron por nosotras.

Por ellas, mis abuelas Juliana y Victoria y por todas las mujeres.  

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2 comentarios

  1. Precioso y certero artículo, emociona y a la vez desvela historias de nuestras antepasada que siempre quedan eclipsada por otros grandilocuentes acontecimientos de la historia. Las pequeñas historias también merecen la pena ser contadas.
    Felicidades, me he emocionado con este texto tan emotivo.
    Gracias por contarlo.

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